Warning: count(): Parameter must be an array or an object that implements Countable in /usr/home/viajeaixtlan.com/web/wp-includes/post-template.php on line 317 Tic Tac Swatch - viaje a ixtlan
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Tic Tac, Swatch

Eran otros tiempos, hoy día de película.
Tiempos de transición, tiempos en blanco y negro, tiempos que marcaron mi presente.

Hoy ha finalizado una etapa, una generación. Al menos por la parte paterna.

La tristeza me llegaba a media mañana. Mi tío, el hermano mayor de mi padre, ha pasado a mejor vida. Y digo a mejor, porque la que tenía o estaba teniendo, no es vida para ninguno. No la quiero para mí ni para nadie. (Tomad nota aquellos que me tenéis en estima, por si algún día llegado el caso he de encontrarme en la misma situación).

Que nadie me sostenga por ego ni por ese sentimiento de lástima del recuerdo del que fuí y ya no sea.

Mi tío nunca fue un ejemplo de vivir la vida, más bien pasó por ella. Muchos la viven así, no por decisión, si no por el condicionamiento social y de una generación que ha vivido por y para los preceptos que se presuponía que eran los de una buena familia.

Y así ha sido. Un trabajador nato, emigrante de la España franquista donde no había futuro. Forjó familia en tierra ajena, como así lo hizo mi padre antes de volver, porque la vida fuera de las costumbres de lo que es este país, son duras y muy difíciles de romper cuando vives en otro país. ( Esto nos debería hacer reflexionar en lo duro que ha de ser para aquellos que vienen buscandoaquí lo que en sus tierras de origen carecen).

Pero mi tío, decidió quedarse. Anclado entre sus raíces, y la seguridad de un país que le ofrecía estabilidad y trabajo. Su objetivo; criar a su familia y volver jubilado para disfrutar de su amada tierra.

Y así fue. Para cuando volvió, su mentalidad había cambiado, y su país también. Le costó años adaptarse. El país ya no era el que dejó, ni sus gentes tampoco.

Aún así, disfrutó de años de jubilación en buena comodidad por las rentas que obtuvo, pero el mundo para él, no estaba acordé a como lo había vivido.

Acabar tu vida con esa incomprensión, es triste. Acabar solo en la habitación de una residencia, postrado en una cama de donde se negó a levantarse más, y con la memoria de vida devorada por esa enfermedad del olvido, es cuando menos, cruel.

Y duele.
Duele por muchas razones.

Tic Tac Swatch
Imagen de DarkWorkX en Pixabay

Duele porque no se merecía irse solo. Duele, porque a pesar de que se quedó anclado en esa mentalidad de la España de los 60, …el amaba a su familia, a su modo, a su forma.

Durante años en vacaciones, volvía a su tierra de origen, visitaba a todos sus familiares y le traia las prebendas del país extranjero.
Todos los años me regalaba un reloj. Un reloj del país de los relojes. Un reloj de Suiza, de última generacion, de marca puntera, que ni siquiera podías encontrar en el Corte Inglés.

Yo lucía en mi muñeca lo más de lo más, y aunque no alardeaba de ello, me sentía poderoso. Controlaba el tiempo de forma lustrosa e importante. Era la envidia del entorno.

Sin embargo, siempre fui rebelde, por lo que fuese que no voy a detallar,… y como tal, siempre los relojes los llevaba boca abajo,  para no lucirlos.

Y claro al poco tiempo, acababan rotos o rayados.

No me importaba, sabía que al siguiente viaje de mi tío, me traería uno nuevo y más moderno, además del chocolate, porque si de algo era famoso Suiza, era de los relojes y los chocolates.

Y así fue hasta que un año, le pedí a mi tío, que no me trajera más relojes.

Sorprendido me pregunto porqué. Y le dije que en verdad no sabía cuidarlos, y se me rompian. El me reprendió por ello, por ser tan descuidado y no valorar las cosas. Entonces, le contesté que en realidad valoraba el detalle, pero que el mejor regalo era que se acordará de traer algo para sus sobrinos. Que lo del reloj a pesar de ser muy chic y tal, me era exactamente igual, y acabé reconociéndole que gracias a ello, había decidido no llevar jamás  reloj.

Confundido, mi tío no entendía nada. Entonces le hice una reflexión, que no olvidó y dejó de traerme relojes ( que no chocolate afortunadamente).

Le hice saber que en realidad me había dado cuenta de que llevar reloj me hacía tener presente el tiempo, y que ello me condicionaba mi libre albedrío. De una forma u otra, sentía como el hecho de saber cómo pasaba el tiempo a través de unas agujas, me producía un stress innecesario. Quizás de ahí, nació mi impuntualidad en la citas. 

Le dije que además, sentía como la vida se escapaba a mi dominio pues controlaba cada cosa que hacía en función del tiempo que le dedicaba, y que aunque eso sucedería de igual forma, el mero hecho de constatarlo me daba la sensación de no aprovechar el tiempo de esta vida sin ese condicionamiento.

Que el tiempo es una quimera, y que lo que pueden ser 5 minutos, puede durar una eternidad, y que lo que transcurre en 10 horas, un simple suspiro. Y que no estaba dispuesto a someter mi vida al dictamen de unas manecillas de reloj y una mente inquieta, que prefería la sencillez de lo que vivía en el presente sin apurarme en lo que tenía que durar.

De una forma u otra, mi tío captó el mensaje, aunque nunca se lo aplicó a si mismo.

Desde aquí, le doy las gracias por ponerme en la senda de vivir el presente al máximo, sin plegarme a las expectativas del futuro.

Gracias Tito.
Que la tierra te sea leve.

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