1 0
Compartir
Tiempo de Lectura:11 Minute, 55 Second

Historias inconclusas

 

Fez

Una suave brisa repasa las calles semidesiertas de la pequeña ciudad. Desde lo alto del minarete de la mezquita, el imán llama a la oración. El templo está vacío, extrañamente. Al parecer, el rey del país magrebí, invitó a toda la ciudad a celebrar su boda unos kilómetros más allá. Prometió cordero y dulces en los jardines del palacio más voluptuoso que poseia a puertas del Sáhara.

La ciudad era una sombra, y a la llamada del Imán, la oscuridad se hizo más intensa. El cántico era hipnótico, y como un resorte, todos los gatos de la ciudad maullaron al alimón del imán.

Todos ellos encaramados en los techos de las chabolas y los tejados de las casas más nobles. Sin embargo el silencio se hacía al paso de un felino, mayor que el resto, mientras se dirigía a la mezquita. A su paso, sus homónimos callaban y reverenciaban con gesto sumiso.

Historias inconlusas
Imagen de Una Baufala en Pixabay

Aquella alimaña, bella y temida, trepó la pared de la mezquita, colándose en el patio de oraciones. Se acercó al Mirhab, lugar sagrado que conecta a la Meca. Allí una puerta en forma de herradura, estaba entreabierta. Entró sigilosamente, hubo un gran destello de luz y desapareció.
Eran las 18:58 .

La Habana

El mar azotaba con furia el malecón de La Habana Vieja. Un huracán como pocos se habían visto, estaba llegando a la isla. La ciudad estaba en toque de queda, y la inmensa mayoría había huido al interior horas antes por recomendación del gobierno.

Historias inconlusas
Imagen de nextvoyage en Pixabay

Era casi mediodía, el viento rugía con furia, y las palmeras se batían por no quebrarse. El paseo marítimo y las calles aledañas del casco viejo estaban desiertas. Los locales y hoteles, que horas atrás bullían de turistas y música, estaban cerrados a cal y canto. Los museos, iglesias y monumentos históricos, habían sido bloqueados sus accesos por el ejército con sacos y tablas de madera, para evitar saqueos e inundaciones.

En una de las calles emblemáticas, cerca del Castillo de Morro, había un pequeño local famoso por su actividad nocturna. Tenía un embrujo especial, pues se alzó sobre un santuario de santería blanca.

La puerta quedó abierta ante la huida precipitada de sus moradores.

La tempestad arreciaba, y un gato negro merodeaba la zona, impávido y ajeno al temporal. Se adentró a la taberna, como quien entra en su casa.
Cruzó la sala hasta el fondo dónde estaba la cocina que tenia unas puertas batientes que no paraban de moverse por el aire.

Pasó entre ellas sin inmutarse y se dirigió hacia el fondo, dónde unas escaleras hacia abajo parecían llevar a un almacén bajo tierra.
Los escalones descendían a modo de caracol. Hasta tres giros sobre su eje.

Conforme descendía, el estruendo del huracán se iba desvaneciendo hasta desaparecer. Al final de la escalera, y quasi a oscuras había un pequeño rellano y otra puerta entreabierta.
Allí se detuvo antes de entrar. Era una pequeña sala antigua donde se celebraban ritos de santería y magia blanca. Había un resplandor que salía de dentro.

Era luz. Luz de cientos de velas por las paredes, estanterías y el suelo. Un olor a cirio y sándalo impregnaba el ambiente.

Aquel gato negro imponente de ojos verdes, se adentró en la sala. Hubo un destello de luz, y desapareció.
Eran las 12:08

Estambul

Entraba la noche en la ciudad. El bullicio y el trasiego del día, daba paso al sosiego nocturno.
La Constantinopla occidental, que luce de dia de colores por sus tenderetes, se convierte en una ciudad gris al caer el sol.

Historias inconlusas
Imagen de Javiermirapeidro en Pixabay

A media ciudad, en el estrecho del Bósforo entre el Mar Menor y el Mar de Marmara, se erige una pequeña Sinagoga que se mantiene abierta 24 horas. Cerca de uno de los nuevos puentes que unen Europa y Asia, está sinagoga no se ofrece como lugar de culto, sino como biblioteca y tesoro de la multiculturalidad de la ciudad.

Esa noche, estaba cerrada, por primera vez en muchos años. Unas obras en el nuevo túnel submarino que iba a conectar ambos continentes y espacios de la ciudad, precisaban cortes de luz en el distrito durante la noche.
Aquel inmenso barrio, rezumaba un silencio sepulcral.
A pie de calle, ni un alma, pero en los tejados de los edificios, miles de gatos encaramados al cielo, ronroneaban a la luz tenue de la Luna, que aparecía como una rodaja en el firmamento y se iba alzando lentamente sobre la ciudad desde el Este.

Un pequeño torreón coronaba la Sinagoga, formando junto al astro lunar al fondo, una singular simbiosis.

En ese momento un felino pardo atravesaba las terrazas de los edificios colindantes a toda velocidad. Se dirigía al templo, saltando de cornisa en cornisa con una agilidad inusual. Parecía como si volase entre en tejas y cúpulas.

Cuando llegó al torreón, detuvo su inercia, circundando lentamente la torreta varias veces.
Una puerta entreabierta de hierro oxidado, daba paso a una estancia circular con estanterías llenas de libros, y en el centro una mesa de madera y cobre en cuyo centro había un candil de carburo encendido.

Tras varias vueltas, el felino se asomó por la pequeña puerta, se produjo un gran destello de luz y desapareció.
20:58

Ulán Bator

Pocas veces nieva en el valle de la capital de Manchuria. Pero un frente siberiano sin precedentes, había cubierto la ciudad, estando incomunicada varios días.
La natura había golpeado seriamente los ecosistemas, y los animales notaban la escasez de alimentos además de huir del frío de las montañas, buscando el calor de las ciudades.

Historias inconlusas
Imagen de Herbert Bieser en Pixabay

Así, se habían visto durante el día, todo tipo de aves rapiñas, zorros y jabalíes por el extrarradio de la urbe, arrasando los pequeños huertos en invernaderos que se libraron de la nieve. Los más osados se adentraban y volcaban contenedores.

La noches son frías en el país estepario, pero tras las nevadas más aún.
En uno de los distritos más emblemáticos se sitúa uno de los monasterios tibetanos más antiguos, cuyos monjes fueron quienes fundaron la ciudad. Un buda de oro, preside la plaza de entrada al monasterio. Una plaza desierta en esa madrugada tan gélida.
El silencio inquietante, se rompió con un rugido amplio y desgarrado.
Una sombra cuadrúpeda atravesaba la plaza dirigiéndose a la entrada del monasterio. Era un tigre blanco, una especie aparentemente extinguida y lejos de los hábitats de la jungla China, pero los viejos del lugar reconocen que antaño, antes de la llegada de los monjes, el valle dónde se situaba la ciudad, fué un vergel donde el gran felino blanco reinaba el lugar.

El tigre bien camuflado por la nieve, bien parecía que flotaba por la plaza, dejando tras de sí la belleza de sus huellas.

Subió los 7 escalones que daban a la entrada del monasterio, un lugar que solo los monjes tenían posibilidad de acceso.
Se encaramó a la puerta irguiendose sobre sus patas traseras, y se abalanzó garras abiertas sobre la doble puerta del templo, abriendo de par en par las mismas de forma violenta, y cayendo de nuevo sobre sus patas, rugió de nuevo retumbando por todas las paredes de la gran sala, y haciendo resonar un gran gong que presidía la inmensa sala, mezclándose y repitiéndose como un altavoz. Al mismo tiempo, un destello de luz desde la sala inundó la misma y se proyectó por la plaza.
Segundos después, se hizo el silencio y la oscuridad, y sin rastro del tigre blanco.
1:58

Roma

La imagen de una pantera negra por las calles de Roma sonaría a caso surrealista, pero… estaba sucediendo.

Con motivo de la semana santa, la capital del imperio romano, la de las 7 colinas, la ciudad creada por Rómulo y Remo que fueron amamantados por una loba, estaba en shock.

Historias inconlusas
Imagen de djedj en Pixabay

Una pantera negra pululaba por las calles desde el día anterior. Se había escapado de un Circo de Ferias que se había instalado en las afueras de Roma con motivo de la festividad santa.

La ciudad llevaba 24 horas tomada por los carabineris, el ejército y grupos especiales. No habían sido capaces de abatirlo durante todo este tiempo. Cada vez que creïan que lo tenían cercado este se escurría y desaparecía de cada barrio, para aparecer en otro.

No se había reportado ningún ataque a ciudadanos, y las autoridades estaban desconcertadas. La ciudadanía estaba atrincherada en sus casas por indicación gubernamental, y por las calles de cada distrito dónde se comunicaba avistamiento del gran felino, solo circulaban o ambulancias o coches policiales.

La pantera se había convertido en un objeto social. Las redes sociales, la prensa,y medio mundo estaban siguiendo la caza de la «machina», tal y como la habían apodado.

Se creía que el animal sería cazado en poco tiempo, pero la realidad en las últimas 24 horas fué otra.

Cada vez que cerraban un distrito y estaban a punto de darle caza, encontraba el acceso algun inmueble particular con túneles subterráneos que conectaban con otros barrios. Para cuando la policía quiso darse cuenta de ello, ya se les había escapado 4 veces.
Por ello, las redes sociales y la prensa que seguían este proceso de captura, le habían bautizado como «la machina».

Una ola de simpatía ciudadana hizo que fuerzas especiales del ejército, asumieran el dispositivo con todos los medios tecnológicos a su alcance.

Drones, tanquetas, cientos de efectivos, etc. Pero estaban fracasando. Dos veces más había cambiado de distrito el felino, sin que pudiesen hacer nada.

La pantera había estado en los distritos de 6 de las 7 colinas de Roma.

Un detalle importante pues decidieron cerrar y vaciar el último distrito cerca de la Basílica de Giovanni.

Todo apuntaba según las redes, a que la Pantera se dirigía hacia allí, y la prensa mundial se estaba haciendo eco de ello.

Anochecía, y la tensión se respiraba entre los agentes que patrullaban las calles. Habían intentado atraer al felino con comida, pero jamás probó bocado. Llegaron a rociar de perfumes hormonados calles y rincones con el fin de atraerlo. Pero sin éxito.

El felino se movía rápido, muy rápido. Tanto, que las cámaras que lo captaban apenas tenían la imagen borrosa de su silueta negra.

Llegó a pensarse que aquello fuera un bulo, un invento de las autoridades para distraer a la población de los casos de corrupción en el gobierno.

Sin embargo la Pantera era real. Y paseaba por unas catacumbas aparentemente cerradas al público, y que recorría como si las conociese. Tenía una dirección. La basilica.

Estaba a punto de salir a la vía pública que daba acceso a la basílica por detrás, en lo que era la capilla para la gente pobre en tiempos del Papa Luna.

Iba a salir desde la salida de un desagüe para recogidas de aguas pluviales creada por los romanos con el fin de que no inundará el distrito Palatino.

Salió como una flecha hacia el pequeño portalón de la capilla que no estaba custodiada.

Aquel pequeño portalón, no llegaba a la base del suelo porque está era una escalinata de varios peldaños, por lo que dejaba una obertura inaccesible para un humano, pero suficiente para la complexión contorsiva de un felino.

Pudiera parecer que una pantera fuera demasiado grande, pero la destreza del rodar y deformarse era sencillamente exquisita.

Y así entró a aquella Capilla, modesta dónde las hubiere y presidida por una gran cruz bañada en oro.

La Pantera se incorporó, hubo un destello inmenso de luz, y desapareció.
18:58

Seul

El barrio de Isangdong es el centro turístico de Seul, pero también la que atesora la historia urbanita más antigua de la capital Coreana.

Historias inconlusas
Imagen de 이룬 봉 en Pixabay

Corea es un país peninsular que cuando menos es peculiar en lo que se refiere a sus gentes. A caballo entre los dos grandes imperios asiáticos como el japonés y el chino, los Coreanos lejos de arrastrar las condiciones sociales de dinastías vacías, basan su fortaleza en un sentimiento de diferencia respecto de los gigantes de Oriente. Respiran socialmente, las bases de Confucio, y arquetipan su vida en ello.

Isangdong, desprende en sus callejuelas aparte de toda la oferta turística, una simetria deliciosamente anárquica, pero que conducen al gran Parque de Tapgol. Este parque rezuma espiritualidad en cada lugar. En su centro figura una Pagoda, una construcción a modo de pérgolas con tejas amplias y de colores, que se sustentan en varias columnas adornadas de símbolos y textos de filosofía milenarios de Oriente.

Aquella Pagoda hexagonal, tenía seis accesos abiertos tras 5 escalones. Desde el centro de la construcción, se podía divisar por cada lado los caminos del parque que llegaban a él desde el barrio viejo.

En el suelo de aquel polígono, había un tapiz de piedras cerámicas que conformaban el símbolo del ying y el yang.

Pero aquella madrugada los accesos estaban tapiados con grandes tableros. Iba a ser restaurada del desgaste de los turistas.
El parque estaba vacío, cuando asombrosamente apareció un lince por las inmediaciones de la Pagoda.

El lince fue uno de los animales que predominaban en tiempos milenarios atrás, en las 8 colinas que rodeaban el barrio de Isangdong, la actual Seul.

Este gato gigante y lustroso, subió la escalinata, y entre los tableros que tapaban el interior del helicoide y a través de una rendija, entró dentro. Se produjo un destello de luz, y el felino desapareció.
2:58



PD. Las Historias inonclusas, son aquellas fruto de una intención que nunca pudieron ser concluidas. Valiendo aquesta redundancia, que cada cual deje volar su imaginación y la concluya si ha de necesidad. La mía se agotó, por puro hastío o frustración. Que mentes mas lúcidas o abiertas, la encuentren si verdaderamente es necesario. Yo desisto, no por falta de ganas…sino de imaginación. Así de triste.

Lo siento  Núria Pvdvcnt


©ViajeaIxtlan.com

Todos los derechos reservados

Compartir
Historias inconlusas
Previous post Tinder Bueno

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.