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DE MORRITO FINO

Si. Soy de esa generación.

De Morrito Fino.

Un buen amigo me lo descubrió hace poco, que yo, era de esos. Jamás había reparado en este término, y eso que lo había oído varias veces…pero, como siempre ha habido un cierto menosprecio a quienes vivimos la época mal llamada del “bakalao”, siempre lo discriminé.

A quienes denostan aquel tiermpo por la asociación a drogas y fiesta sin freno, a esos, los ignoro sin más, pues nunca van a entender que fué, como se vivió, ni que supuso para nuestra generación.

Me gustaría expresar el contexto de aquella época, pero sinceramente, se me hace difícil tratar de englobarla en unas líneas, así que no voy a hacer el esfuerzo.

Solo diré, que quizás, nunca la sociedad ha estado tan cerca de un ambiente tan libertario como aquel. Y es solo ahora con el tiempo, que lo puedo afirmar.

Y lo afirmo, porque puedo.

Entonces había un sentimiento general de que todo, tenía cabida. Dónde a pesar de las remoras socioculturales (de las cuales habían cosas negativas y por resolver), había un respeto y un ambiente de cultura abierta y solidaria con todo lo que fuera romper con lo establecido.

Fueras de donde fueras, y vinieras de donde vinieras, existía un sentimiento de pertenecer y estar viviendo, algo único.

La música era el vehiculo amalgamador.

Y la última confluencia, era la noche, …dónde la vanguardia nos ofrecía el extasis de una música en plena efervescencia, hipnótica y progresiva, que nos llevaba a estados de trance como nunca antes había pasado.

En esos momentos, el tiempo se detenía, el universo se expandía, y nuestros cuerpos se movían a golpes de cadera. 

Eramos inmunes a todo, acariciando el Nirvana a ritmo de melodías y bases.

Me gustaría mostraros lo que inúltilmente intento describir, ….y la única forma que se me ocurre para ello,  es a través de la música. 

La lista de arriba solo es una ínfima muestra de ello. Y responde a una parte de ese cresol musical de aquella época, y que singularmente hacia que todo el mundo al bailar, pusieramos esos…morritos.

Mil veces me repetía cada noche que viviera ese momento como si fuera la última noche de mi vida.

Cada fin de semana daba gracias por poder repetirlo, y volvía a decirme el mismo mantra….»disfruta este momento porque puede que no hayan más”.

Afortunadamente, he podido seguir disfrutando de  ese mantra cada día de mi vida, en cada cosa que hago, y vaya por delante que he disfrutado… y sigo disfrutando.

Da igual si es con música o no, si es leyendo, disfrutando de la familia, de los amigos o lo que sea que haga.

Aquel mantra lo empleo a diario y me sirve para  aprender y gozar del presente.

Por eso, cuando oigo música en general,… conecto con esa esencia de vida de la que solemos olvidar por culpa de las preocupaciones y las rutinas.

Y sonrio,….

Y cuando la música es aquella de los 80 y 90, de la cual  no hubo otra como en Valencia,…. entonces ya….me pongo de Morrito Fino.

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