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Carmensin

¿Sabéis que es la Navidad?

Yo os lo diré. Y que nadie se sienta ofendido/a ni menospreciado/a.

La Navidad, es Carmensin.

Os preguntareis,… ¿quién es Carmensin?

Os lo voy a explicar, o a intentar….pues aunque os parezca extraño, y si no recuerdo mal, solo he tenido trato (que yo recuerde), una vez.

Si.

Carmensin
Imagen de James Chan en Pixabay

Solo una vez, en el que haya departido con ella conversación y espacio juntos. 

Lo recuerdo bien, ya que el día que la iba a conocer, tenía que recogerla y llevarla al hospital. También a su marido, ambos septuagenarios. Él de delicada salud por avatares de una vida dura de una época que nosotros (los herederos del siglo XXI), no hemos sufrido y a veces ni sabemos valorar.

Pero al margen de esto,… Carmensin, a ella me quiero referir.

Fue un jueves de abril del año pasado, cuando tuve el placer de conocerla, además de acompañarla en una situación delicada al hospital. Su benjamín, había tenido un infarto, había sido operado  y estaba en la UCI.

Toda vez que su hijo (amigo y confidente) hubo esquivado la guadaña del destino que a todos nos acecha, ya podía ser visitado.

Hasta el momento, entre la familia, amigos y su pareja, habíamos protegido a Carmensin y su marido de la gravedad del asunto, aún sin mentir ni engañar, con el fin de que el drama no se extendiese en el tiempo, aunque…hubo temor y tribulaciones, pues,… ¿quién es quién para privar a una madre de atender a un hijo?

Si. Vale. Es cierto. No estaba en sus manos, sino en la de esos señores de bata verde y conocimientos insospechados sobre el órgano donde anidan los amores de madre.

Y una vez hubo pasado el peligro,…ya podía visitar Carmensin a su pequeño. Porque para ella, será siempre su pequeño, al igual que su hermano, es el mayor.

Los hijos, serán hijos siempre. Tengan dos años, veinte o cuarenta y dos.

Y ese día, en el cual podía visitar a su vástago, tuve que ser el taxista.

Recuerdo que estaba nervioso, e inquieto.

 Por una parte, porque emocionalmente y como amigo, entendía perfectamente lo que suponía acompañar a alguien con un familiar enfermo. La incertidumbre, el miedo, la angustia….son sentimientos difíciles de manejar en esa situación.

Y por otra, porque, Carmensin, sin conocerla directamente, es de esas personas que sabes a través de quien la conoces, que es, simplemente…especial.

Y ese carácter tan especial, es lo que hacía que estuviese tan inquieto. De una u otra forma, era como si tuviese que estar a la altura. No sabría explicar cómo ni por qué, pero es como si fuese a conocer y tratar a alguien extraordinario.

Y así fue.

Carmensin
All i Pebre, Gambes, Amanida en Salsa, Pastel de Salmó i Tonyna, Bocadets Saladets i Pastisets de Boniato (Gracies Carmensin)

Porque las personas extraordinarias, son aquellas personas naturales, sencillas, nobles, amables y de una bondad infinita.

Porque si hay una virtud poco valorada y reconocida, es la bondad.

No hay virtud más humilde, pura e innata, que la bondad. Y eso está al alcance de muy pocas personas en este mundo. Hay quienes se afanan en serlo, como un servidor, y aunque lo intento, ni de lejos llego a  estar a la altura de Carmensin.

Dada la situación, me sorprendió su templanza, su aceptación de los hechos, la normalización de la situación. Pensaba que tendría que hacer de mediador o consolador, y resulta que fue ella con su saber estar, a pesar de la incertidumbre del estado de su hijo, la que me trajo al mundo presente, disipando todas mis tonterías mentales. (¡Y yo que me creía un terapeuta resuelto para acompañar los procesos de la gente!)

Por avatares de la vida, Carmensin me tiene en estima. Quizás de forma sobrevalorada a mi juicio, pero así es.

Porque Carmensin, es una persona que cuida de los suyos, de su familia, y de la gente de buena fe. Y se preocupa, quizás más de lo que debiera. Muchas veces en silencio, pero siempre de forma activa, de tal forma, que no pierde la oportunidad de ser agradecida, de ser solidaria, atenta y preocupada, como pocas personas en este mundo.

Hoy…día de Navidad, y al enterarse de que he de estar aislado por la pandemia de moda, me ha hecho llegar unos manjares con el fin de hacer llevadera la soledad en estos tiempos de familia.

Y estas cosas son las que me hacen creer en la humanidad.

Mientras existan Carmensines, existe futuro para este mundo.

Gracies, Carmensin… m’has fet feliç.

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